Un cerebro tiene 86.000 millones de neuronas que se combinan de forma dinámica a través de redes neuronales. Estas, a su vez, interactúan con el contexto y se nutren gracias a la alteridad. Y si la mente es compleja, la vida y el mundo lo son más.
Bajo esta premisa de complejidad y conexión, decidimos fundar Dropsense en el año 2018. No fue un paso improvisado, sino la evolución natural tras más de diez años de trayectoria en consultoría. Durante esa década, consolidamos una visión propia que buscaba unir sus dos grandes pasiones: la comunicación y la tecnología.
La creación de la sociedad limitada permitió profesionalizar y escalar este propósito bajo una sola divisa: ofrecer soluciones tecnológicas efectivas y personalizadas que alcancen un valor diferencial a través de la emoción. Así, Dropsense nació como una consultora especializada en impulsar la sociedad del conocimiento, trabajando tanto con administraciones públicas como con entidades privadas.
Desde su constitución, nuestro compromiso ha sido el mismo que rigió nuestra anterior etapa: escuchar y entender las necesidades específicas de cada organización para asegurar que cada solución sea única, rigurosa y perfectamente adaptada.
Nuestro diferencial innovador se sitúa precisamente ahí, en el territorio del conocimiento. Es el espacio donde el rigor científico-tecnológico se integra con el dispositivo simbólico que nos conecta y nos hace humanos. Las redes que nos elevan a estadios superiores de conciencia son las mismas que hoy articulan los nuevos modelos de aprendizaje profundo. Por algo será.